Los debates parecen haberse convertido en un juego de niños: a ver quién miente más, qué me dijiste el primer día que nos conocimos, yo veo el vaso medio lleno y tú medio vacío, ….En fín, una pena.
A todo esto, no sé para qué “debatir” (si se puede llamar así a los monólogos que hicieron), si al final el telespectador tiene claras sus preferencias, como se puede demostrar en los resultados de las encuestas realizadas para valorar quién fue el ganador.
